Las 500, mis Quinientas
39 grados, siete de la tarde. Se escucha el chillido de las chicharras mezclado con los sonidos estridentes de Tele5 que se escapan por la ventana de algún piso sin aire acondicionado.
El señor permanece impávido, como una estátua, observando el espacio entre los bloques 14 y 15 que ahora es un sindios de maleza y brotes salvajes de acacias. Recuerda cuando de joven maldecia a los crios que se empeñaban en jugar al futbol a cualquier hora durante el verano. Incluso durante la siesta los balonazos retumbaban como cañones en una batalla cercana. Moradas de 55 m2 donde vivian familias numerosas imaginadas por los tecnócratas del franquismo posibilista. Un barrio obrero que floreció en los 70's, que pagó un alto precio a lomos de los 80's y que a partir del siglo XXI se convirtió en una apacible lugar donde envejecer.
Desde hace muchos años no hay balones, ni crios, solo un barrio que se desmorona en el recuerdo. Seguro que un buen sitio para vivir una vida sencilla si volviesen los niños.
