Internet: La alienación total del ser humano



Ahora todos andamos muy escandalizados por el hecho de que la NSA espíe nuestras vidas a través de tarjetas de crédito, llamadas telefónicas, correos electrónicos y un larguísimo etcétera de métodos telemáticos.


Nada que no supiésemos, o al menos, sospechásemos sobradamente desde hace mucho tiempo.

 

Los informáticos, que para esto tenemos un don especial, lo barruntábamos desde el principio de la revolución tecnológica de hace 20 años. Un virus no es más que un intento grotesco de conocer tus intimidades, de controlar que tienes en tu ordenador y como lo usas. 

 

Hace años que se pusieron de moda virus más elegantes, a modo de software legal, llamándose PcAnyWhere, TeamViewer, Logmein, VncServer y otros muchos que pretenden “ayudar” a dar mejor servicio a los negocios informáticos que prestan asistencia remota a sus clientes. Estos programas permiten controlar totalmente cualquier equipo en el que estén instalados.


Se supone, y solo se supone, que la clave de acceso solo está en la cabeza del técnico informático responsable, pero eso es una burda mentira. Cualquier clave, por muy compleja que sea, puede ser descifrada a través de fuerza bruta utilizando ordenadores muy potentes. Curiosamente, ese tipo de hardware solo está al alcance de presupuestos con muchos ceros, o sea, gobiernos y agencias de inteligencia.


Por si todo esto fuera poco, desde hace tres años tenemos la moda de “la nube”, que no es más que tener la información guardada en los equipos de Apple, Google, DropBox o Microsoft, o lo que es lo mismo, equipos bajo control total del todo poderoso imperio de las barras y estrellas. Así lo tienen más fácil, ya no tienen que meterse en nuestros ordenadores remotamente, la información la guardamos directamente en sus equipos para que miren lo que quieran cuando quieran y puedan cruzar la información que estimen oportuna.


¿Cuál es el problema? Muchos usuarios dirán que ellos no tienen nada que ocultar, lo cual es cierto. Otros, los malos de turno, los terroristas, pedófilos, ladrones de cuello blanco, y demás malandrines que pueblan este loco mundo, estarán muy enfadados por que los han estado espiando sin que ellos lo supieran, aparentemente. Eso está bien, dirán otros, los yanquis están trabajando por la paz mundial … Más mentiras piadosas para mentes débiles.


El problema, lo verdaderamente importante, es la enajenación total del concepto de intimidad asociada al ser humano.

 

Hace 70 años, en una guerra atroz, murieron 50 millones de personas en 6 largos años de penurias y salvajadas sin fin. El nazismo, culmen máximo de la chapuza hecha poder, quería controlar a cada individuo y poco importaba los métodos a utilizar. Los aliados, incluido el poder fascistamente libertario de los Estados Unidos de América y la brutalidad opresora del estalinismo más exacerbado, lucharon para acabar con un régimen bestial. No estaba aún del todo chamuscado el bigote del antiguo cabo austriaco cuando los regímenes totalitarios mayoritarios comenzaron su mal llamada guerra fría. Surgieron decenas de organizaciones al servicio de los estados para controlar a los individuos subversivos en sus propios países, desde la KGB a la CIA, desde la STASI a la DGS española. Miles de millones de fichas en papel guardaban los detalles de todos los ciudadanos del mundo, nunca se sabía quién podía sacar los pies del tiesto a la hora de revelarse contra el poder dominante, por eso era necesario conocer todo de todos.

 

En los 70’s y 80’s, en los nuevos campos de batalla de América Latina, todo valía para conocer los más íntimos detalles. La tortura se convirtió en un arte al alcance de los más brillantes oficiales de inteligencia de los gobiernos argentinos y chilenos, guiados por oscuros miembros del gran hermano americano. Toda valía para frenar la expansión del comunismo en el patio trasero de los USA.

 

Con la caída del muro, y la llegada de la democracia como rutilante estrella al firmamento de los sistemas de gobiernos evolucionados, nos sentimos seguros, ya nadie nos metería el amperaje de la batería de un camión en los testículos o en los pezones.

 

Pero todo eso era mentira. Creímos que democracia significaba respeto a los derechos humanos, y eso es una falacia al servicio del marketing. Simplemente cambiaron el lugar de los campos de tortura. Cerraron la Esma y jubilaron a los Contreras de turno para seguidamente abrir nuevas delegaciones del terror en Jordania, en Rumania, en Marruecos, en Afganistán y en Paquistán, y en cualquier punto perdido del mundo con un gobierno títere al servicio de la seguridad del vencedor de la guerra fría. Incluso el tenebroso aprendiz bigotudo de presidente de gobierno español permitió a su amigo tejano a que
los nuevos vuelos de la muerte cruzasen y repostaran en nuestra inmaculada España.

 

Toda valía para impedir que los chicos malos pudiesen amargarnos la vida. Todo significaba todo, incluyendo la pérdida de uno de los más preciados valores del ser humano: su derecho a decidir.


Nunca nos preguntaron cuando dimos de alta una cuenta en Gmail, en Facebook, o en Twitter si nos importaba que espiaran nuestras vidas. ¿Para qué lo iban a pedir? Habían decidido que ellos podían elegir nuestra respuesta. Exactamente igual como los nazis o el resto de los regímenes totalitarios, el estado y su seguridad por encima de los derechos más básicos de los individuos.

 

Ahora saben a qué hora te levantas, si trabajas o estudias, si te gusta la carne o el pescado, si lo haces solo o en compañía, cuando vas al wáter, el número de capas de papel higiénico que usas para cuidar tu
intimidad, las multas que no pagas, si tienes una amante o varios … Lo saben todo de ti, y lo que es peor, también lo saben ya de tus hijos y nietos.

 

Algunos seguirán pensando que a ellos no les importa, que no tienen nada que ocultar. Pero el detalle sí importa, el detalle de no poder decidir si queremos ser dueños de nuestra realidad o solo marionetas en manos de agencias de la mal llamada inteligencia.

 

El poder mundial ha creado una nueva forma de opresión más civilizada y menos escabrosa. Ha conseguido a través del conocimiento la alienación total del ser humano. Esa información que ahora disponen de nosotros los hace invencibles, como teorizaba Gramsci, han logrado la predominancia del estado nación sobre el individuo. No les ha hecho falta utilizar excesiva violencia física, nos han robado nuestras vidas y lo han hecho con nuestra complicidad e ignorancia.


Nuestra civilización está completamente embadurnada de una viscosa sustancia que lo rodea todo. Después de tantos siglos de luchas para cambiar la balanza de poder, ahora ya sabemos que por fin hay un vencedor. 

 

Una victoria total en la que el individuo libertario ha sido aniquilado.

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