Amor filial
“Estoy muerta de sueño, la gata me tiene loca”.
La amiguita la mira con asombro mientras sigue tirando de la mochila con ruedas cruzando el paso de cebra.
“¿Te ha vuelto a morder por la noche?”
“Otra vez esta noche, en este dedo!”
Las madres se miran y se ríen ufanas.
“Harta estoy de decirle que cierre la puerta para que la Tusy no se le meta en la cama, pero no hay manera, todos los días duermen juntas.”
“Mami, ella es buena pero a veces quiere jugar muy temprano. Desde las seis llevo despierta, y como no me era capaz de volver a dormir con los nervios del viaje, encendí el móvil cinco minutos…”
“Cinco minutos, dice… A las siete y media cuando se ha levantado su padre todavía estaba con la dichosa pantallita. Que vicio más feo tiene! Yo no sé que va a dejar para cuando cumpla los 10 años!”
La otra madre asiente entre cómplice y asombrada.
“La mía se va a la cama temprano y se tira hasta la una o las dos con el wasap y el tiktok. Es que están en la edad de eso, es normal.”
Llega el grupito al autobús que llevará a las crianzas de excursión. Los adultos se arremolinan en las puertas y los niños hablan compulsivamente para calmar la tensión. Un padre mira los surcos de los neumáticos, y otro charla con el conductor al que conoce del futbol dominguero.
Los críos comienzan a subir al autobús cuando la maestra toca el silbato. Colocan las mochilas como bien pueden, se sientan y se lanzan al móvil. Los padres los buscan con la mirada tras las cristaleras, pero los niños ya solo tienen ojos para sus teléfonos.
“Adiós, mi vida. Duérmete un ratito que luego estarás cansada. Te quiero!”
El amor filial a veces es perverso e inconsciente.
Dicen los que saben de esas cosas que la heroína es una droga mas humana que la coca. El caballo te carcome tan rápido que todo el mundo se entera de que tienes un problema muy grave. Sin embargo, la coca se mete hasta el último poro de tu cuerpo y los que te rodean no se enteran hasta que ya es demasiado tarde, y empiezan a desaparecer cosas.
La terrible adicción de nuestros hijos y nietos a sus móviles -que nosotros les hemos regalado- es muy parecida al de la Dama Blanca. Aunque todos somos conscientes de las nefastas consecuencias, muy pocos asumen la responsabilidad, y aún menos se enfrentan al dantesco problema que nos corroe como sociedad.
Muy probablemente una generación perdida como las que cayeron diezmados en los ochenta a lomos del caballo.
