Retorciendo la lengua
En la calle de la Cebada, en Madrid, sentado en un velador de un bar con cañas y mojitos con vientos del Sur. Intento fallido y humilde de querer ser un bar de surfistas de playa, claro, pero que solo llega a un reducto de maduritos contando historias fantasiosas. El camarero, treinta y pocos, sentado enfrente de los veladores espera a que alguien le llame. Con la mirada perdida deja que la larga jornada laboral pase. Unos guiris en el velador de mi izquierda (un Sábado a las tres de la tarde en Madrid somos todos guiris) hablan de sus viajes a Usuaia y a Bariloche, y otras vacaciones en Australia. Parece ser que allí daría igual si estuviesen Vox, PP o Psoe, que aquello es otro mundo donde todo es más relajado y mucho jiji-jaja. Entran ganas de ir a ver canguros y tiburones blancos, y practicar KiteSurf en sus tremendas playas coralinas. Pido otra jarra típica de la calle y la cuenta. Diez eurazos por las dos consumiciones. Ayer me clavaron 6 euros por lo mismo en Gredos, y antes de a...