La vida como la rueda de un camión
- “Pero, papá, ¿un banco como este?”
- “Sí, un banco como este. Si no quieres estudiar, no estudies, pero no te quiero ver nunca pasando el día con tus amigos sentado en un banco fumando o bebiendo.”
- “Pero, papá, si yo ni fumo ni bebo, y mis amigos van a seguir estudiando.”
- “Me da igual, ¿Qué quieres acabar siendo un desgraciado toda la vida? Yo ya te he dicho que debes seguir estudiando, pero tú verás lo que haces. Ya tienes 16 años metidos en el culo, es tu futuro.”
Se hace un silencio espeso. El crio no se atreve a mirar al padre, y este fija la vista en el banco de enfrente donde unos chavales se entretienen mirando sus móviles. El otro acompañante mira el suelo insistentemente, y cada vez se le hace más evidente el cabeceo constante que lo acompaña siempre.
Después de unos instantes, el padre vuelve a la carga.
- “Mañana hablaré con José el de la frutería. Le diré que si le vendría bien que le acompañaras por las mañanas a los almacenes de Valdelacalzada cuando vaya a por la fruta, para que le ayudes a cargar y descargar.”
- “Uffff, estamos en verano, papá. Yo no me quiero levantar temprano, estoy de vacaciones, ¡estoy descansando!”
- “¿Qué vacaciones ni que hostias? ¿Cómo vas a estar cansado si te han quedado 6 asignaturas? Al final vas a ser más tonto que TitoJuan.”
- “TitoJuan”, repite en voz baja el otro adulto sentado en la otra punta del banco.
- “Yo no soy como TitoJuan, él no está bien.”
- “TitoJuan”
- “Lo tuyo es peor, tú puedes, pero no quieres. Mira, Ángel, que hagas lo que quieras con tu vida, pero a mí no me des guerra, que bastante tengo con lo que tengo. Si no estudias, a trabajar.”
30 años después, Ángel Torrijo recordaría aquella conversación cuando un empleado le pidió permiso para poder llevarse a su hijo con él cuando fuese a MercaMadrid en uno de los camiones de la empresa.
- “Mejor que te ayude a que pase el tiempo en un banco con los amigos. Llévatelo y que aprenda. La vida da muchas vueltas.”
