Capitalismo inmobiliario


"Locales, que lugares tan gratos para conversar. No hay como el calor del amor en un local".

Badajoz, España, está lleno de locales comerciales vacíos, cientos y/o miles. Si a ellos les sumamos las oficinas y entreplantas que llevan largos años cogiendo polvo y hongos, el panorama es desolador. Antes se levantaban nuevas edificaciones y las plantas bajas eran viviendas. Cuando llegó la nueva norma, los bajos y entreplantas se convirtieron en espacios comerciales. En la actualidad, con el comercio electrónicos y la globalización son espacios muertos de difícil salida para los inversores y las constructoras.

Mientras, los jóvenes y no tan jóvenes se las ven putas para encontrar una vivienda en la que puedan vivir dignamente sin dejar más de la mitad de su sueldo cuando son capaces de encontrar un empleo.
El pequeño comercio languidece en una muerte programada cuando sus dueños puedan retirarse y dejar al esclavitud que representa estar en el negocio, o pensando en él, 24/7/365. ¿Quién quiere actualmente que sus hijos se dediquen a regentar o trabajar en el pequeño comercio?

Badajoz, y España, necesitan una nueva normativa que facilite la conversión de los locales en viviendas. Actualmente los planes urbanísticos representan una trampa infernal donde los trámites se convierten en un suplicio. Muchos propietarios e inquilinos de locales convertidos en viviendas sin los permisos oportunos se juegan multas desorbitadas por facilitar y promover algo tan normal como vivir en una morada digna. La burocracia en todo su esplendor se encarga de quitarles las ganas de normalizar la situación. Obviamente las transacciones se hacen sin contratos ni impuestos, lo que implica una precariedad manifiesta para propietarios e inquilinos, además de un quebranto para las arcas públicas municipales y estatales.

Hace 25 años en Badajoz hubo un plan para rehabilitar y dinamizar el Casco Antiguo con fondos de la Unión Europea. Fue un sonoro fracaso, a los pocos meses la inmensa mayoría de los nuevos pequeños negocios habían cerrado. Tantos lustros después, el Casco Antiguo sigue sin levantar cabeza. La conversión de los múltiples locales en viviendas sería una opción a medio plazo para revertir la situación y llenar las históricas calles con nueva savia encarnadas en jóvenes y críos.

Desde la política, desde las administraciones, se deben encontrar formas para mejorar la calidad de vida de los ciudadanos, y al mismo tiempo fomentar vías que faciliten el presente y el futuro de los núcleos urbanos viablemente.

Todo un reto que hay que abordar con imaginación y férrea voluntad corporativa. Un reto urgente!

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