En el momento exacto
Leia hace un rato un interesantísimo articulo sobre el mal que todos, de un modo u otro, sufrimos: La ansiedad. Lo tenéis en El Mundo de hoy domingo 24 de Septiembre.
(http://www.elmundo.es/papel/lifestyle/2017/09/24/59c4d9e9e5fdea40168b45fc.html)
Merece la pena su lectura. Cuando he llegado al final, y después de compartirlo con la familia, al levantar la vista he visto este atardecer más allá de mi tablet. Si no lo hubiese hecho en ese precio instante, treinta segundos después los colores habrían muerto, y no me hubiera animado a escribir estas líneas.
Estar en el momento justo en el lugar justo, o simplemente, liberar los sentidos y prestar atención a lo que percibimos. A veces es cuestión de mirar a nuestro alrededor y ver lo afortunados que somos por seguir vivos, de tener a gente que nos quiere, o nos odia, cerca, y de poder disfrutar de ínfimos detalles que consiguen calmar nuestros estresantes días llenos de presión, obligaciones, responsabilidades e hipotecas.
Hace una semana, camino de Lisboa, charlábamos con dos amigos sobre las ventajas de ser hipotéticamente propietarios o, por el contrario, abrazar los beneficios de vivir de alquiler toda la vida. Y ahi está la madre de todas las batallas, ese "toda la vida" que parece eterno pero que en cualquier momento puede dejar de ser para convertirnos en recuerdos pasajeros.
Nunca es fácil conjugar "vivir el momento", y al mismo tiempo, intentar estar preparado para lo que pueda venir cuando las fuerzas se vayan agotando. Tal vez los viejos tengan razón cuando hablan de la importancia de la experiencia de vivir y que la vida es muy corta...
Mientras, y en pequeños instantes llenos de hedonismo, disfrutar de atardeceres como este te reconcilian con la vida y con los que buscan el elixir de la eterna juventud.
