Todos somos iguales.
Dice nuestra constitución en su articulo 14, en el apartado de derechos y libertades:
"Los españoles son iguales ante la ley, sin que pueda prevalecer discriminación alguna por razón de nacimiento, raza, sexo, religión, opinión o cualquier otra condición o circunstancia personal o social."
Yo creo que hay muchos en este país que no saben que los gitanos también son españoles.
En estos tiempo donde resulta tan fácil satanizar a la etnia Romaní, donde penosas actitudes particulares de miembros de renombre del colectivo pueden manchar el quehacer diario de un gran pueblo con profundas creencias en la dignidad, el honor y la familia, donde el simple hecho de expresar públicamente las particularidades intrínsecas de la raza cale puede ser criticada ferozmente por voces exaltadas que enaltecen a las masas ávidas de venganza y carroña fácil, en estos tiempos debemos de ser capaces de diferenciar el bien del mal, la razón del odio, la letra de la sangre.
No servirá nunca esta tribuna para justificar ningún acto violento por parte de miembros descerebrados del colectivo gitano. En absoluto. Quien la hace, que la pague. Que todo el peso de la justicia que los españoles nos hemos dado caiga sobre el asesino y el ladrón.
Los españoles hemos cambiado mucho en los últimos 25 años. No hace tanto que en las escuelas se llamaba maricón y judío a los diferentes. Hoy quien escupe estas palabras sobre otro ser humano se autocalifica y recibe el reproche social más rotundo.
La utilización del vocablo sudaca forma parte de los años 80 y 90. Difícilmente nadie en su sano juicio lo utiliza públicamente. Otras expresiones como moro mierda están luctuosamente unida con las imágenes del sufrimiento y la muerte de los sin papeles mecidos por las olas flotando cerca de las costas españolas.
Sin embargo, el descalificativo gitano sigue estando en nuestro más rancio vocabulario. Todos los vendedores de coches son unos gitanos, tienes menos papeles que el burro de un gitano, nunca vi a un gitano en una autoescuela, y un largo etcétera de improperios racistoides.
El pueblo gitano lucha por sobrevivir como puede. En muchos casos, viviendo en la marginalidad mas absoluta, en entornos donde la droga es el pan nuestro de cada día, donde la única manera de salir adelante es delinquiendo, y en otras, aprovechándose de los recovecos que los legisladores permiten con el beneplácito de la discriminación positiva. Socialmente atrasados desde la visión europeísta del ciudadano español medio, económicamente deprimidos desde el cristal capitalista.
Si publicásemos un triste ranking xenófobo los gitanos estarían los últimos por detrás de eslavos, sudamericanos y africanos en las preferencias de cualquier pareja que quisiese adoptar a un niño. Decir gitano en España es decir racismo con mayusculas.
Algunos lavan su mala sangre xenófoba con expresiones como "ellos si que son racistas, que no quieren relacionarse con nosotros". Hay que huir visceralmente de los extremismos, independientemente del lado por el que muestren sus fauces.
Hoy tenemos un gobierno democrático basado en una constitución que es ley de leyes y que los españoles aprobamos por mayoría mediante el sufragio universal. La constitución salio adelante gracias al consenso y a la negociación. Nos guía y nos ilumina en los momentos oscuros.
Cierto es que hay aun una España diferente que le gustaría hacer las cosas de otro modo. Afortunadamente ya no son mayoría. Cualquier ciudadano de a pie se da cuenta que las formas han cambiado, que el dialogo ha dejado a un lado la imposición, la prepotencia y las armas. El señor Ibarretxe ya no sale tanto en los telediarios con gesto serio. Los vascos son diferentes y tienen derecho a serlo, igual que lo son los homosexuales, los católicos, los pasteleros o los gitanos.
Esa es la grandeza de un pueblo, de una nación, la diversidad cultural y social. Buscar la confrontación solo por ser miembro de un colectivo no es el camino.
¿Y si fuésemos a la heladería de la esquina y todos los helados fueran de vainilla? Las diferencias enriquecen y hacen la vida mas divertida.
Yo quiero un país fuerte y cohesionado, diferente y multirracial, con energías y afán de superación. Actualmente estamos bajo el yugo social, económico y cultural de una nación joven que creció gracias a la mezcolanza racial y cultural de los inmigrantes que llegaron a la isla de Ellis buscando una mejor vida para ellos y sus familias. No les ha ido mal en los últimos 150 años.
Sumar es crecer. Sumemos juntos en la diversidad.
"Los españoles son iguales ante la ley, sin que pueda prevalecer discriminación alguna por razón de nacimiento, raza, sexo, religión, opinión o cualquier otra condición o circunstancia personal o social."
¿Una utopía? Puede ser, pero lucho fehacientemente por ello.
